Israel condiciona la ayuda humanitaria y la apertura de Rafah al cumplimiento de Hamás
La crisis humanitaria en Gaza se agudiza mientras Israel utiliza el control del paso fronterizo de Rafah y el flujo de ayuda como herramientas de presión sobre Hamás. A pesar del alto el fuego, la reapertura total del cruce y la entrada masiva de suministros están condicionadas a la devolución de los cuerpos de los rehenes, lo que agrava la situación para la población civil. La situación en el enclave palestino es crítica. La ONU ha descrito la tarea de restablecer los servicios básicos como “monumental”, con carreteras destruidas por los ataques israelíes que paralizan la distribución de la ayuda. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (Unrwa) denunció que Israel está impidiendo el ingreso de sus suministros, que permanecen retenidos en Egipto y Jordania, y subrayó que “la ayuda a civiles no es moneda de cambio”. En una escalada de presión, Israel notificó a la ONU que reduciría a la mitad la cantidad de camiones de ayuda permitidos diariamente, de 600 a 300, y que no autorizaría la entrada de combustible ni gas. El primer ministro Netanyahu ha sido explícito al vincular la ayuda con el acuerdo de rehenes, declarando que el cruce de Rafah permanecerá cerrado “hasta nuevo aviso” y que su reapertura “se considerará en función de cómo Hamás cumpla con sus obligaciones”. Hamás ha calificado esta decisión como una “violación flagrante” del acuerdo, argumentando que el cierre de Rafah no solo impide la entrada de ayuda, sino también la evacuación de heridos y la llegada de maquinaria para remover escombros.



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