Para ellos, esta orden equivale a una "condena a muerte", ya que en el enclave no existen los recursos para continuar con sus tratamientos. Antes de la guerra, era común que pacientes de Gaza con enfermedades graves, como cáncer o insuficiencia renal, fueran trasladados a hospitales en Jerusalén Este para recibir atención especializada. Sin embargo, más de dos años después del inicio del conflicto, a un grupo de 76 de estos pacientes se les ha informado que deben abandonar los centros médicos. Nazif Jader, de 54 años y en espera de un trasplante de riñón, declaró a EFE: "volver a Gaza en esta situación es igual que condenarme a la muerte, porque no hay tratamiento allí".

Su hijo, el donante potencial, sigue atrapado en Gaza.

La madre de Yamen, un joven de 16 años con una enfermedad rara, también se niega a volver, pues su familia ahora vive en una tienda de campaña en Jan Yunis. "Imagínate un niño como Yamen, con su condición de salud, viviendo en esa misma tienda", lamenta.

La presión mediática parece haber frenado temporalmente el retorno de algunos, pero la incertidumbre persiste mientras se aferran a la esperanza de ser acogidos por otro país.