El cese al fuego en Gaza, en vigor desde el 10 de octubre, se encuentra gravemente comprometido debido a un ciclo de ataques y acusaciones mutuas entre Israel y Hamás. El gobierno de Hamás ha denunciado casi 500 violaciones por parte de Israel, mientras que las fuerzas israelíes sostienen que sus acciones son respuestas a agresiones palestinas. Según la oficina política de Hamás, Israel ha violado la tregua 497 veces, resultando en la muerte de 342 civiles y 875 heridos desde su inicio. El grupo detalla 228 bombardeos, 142 tiroteos contra civiles y 21 incursiones de vehículos más allá de la “línea amarilla”, la demarcación donde las tropas israelíes se replegaron.
Tan solo en una jornada reciente, ataques israelíes dejaron 24 muertos y 87 heridos.
Por su parte, la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, justifica estas operaciones como represalias.
Un comunicado afirmó que los últimos ataques se lanzaron después de que un combatiente de Hamás cruzara la línea y atacara a sus soldados, y que en respuesta, Israel “eliminó a cinco combatientes de alto rango de Hamás”. Esta dinámica de acción y reacción perpetúa la violencia y eleva el costo humano del conflicto. El Ministerio de Sanidad de Gaza reporta que el número total de muertos desde el 7 de octubre de 2023 asciende a 69,733 palestinos, con más de 170,000 heridos. La persistencia de las hostilidades socava cualquier esfuerzo diplomático, incluido el plan de paz recientemente respaldado por la ONU.
En resumenLa tregua en Gaza existe principalmente en el papel, ya que las hostilidades continúan a diario, alimentadas por la profunda desconfianza y las narrativas contrapuestas. La incapacidad de ambas partes para mantener el cese de la violencia no solo agrava la catástrofe humanitaria, sino que también representa el principal obstáculo para la implementación de cualquier solución política a largo plazo.