Estas acciones, que incluyen redadas, demoliciones y ataques a propiedades, agravan la tensión en el territorio ocupado. El ejército israelí describió la incursión en el norte de Cisjordania, que involucró fuerzas terrestres, excavadoras y un helicóptero que abrió fuego, como una “operación antiterrorista”. El gobernador de Tubas, Ahmed Al-Asaad, informó que las fuerzas israelíes rodearon la ciudad, tomaron posiciones en azoteas, expulsaron a residentes de sus hogares y realizaron detenciones, advirtiendo que la operación podría durar varios días. Esta acción es vista como una extensión de la operación lanzada en Yenín en enero. Paralelamente, la violencia de los colonos persiste. Se reportaron incidentes en Atara, al norte de Ramallah, donde colonos incendiaron olivos y robaron equipo agrícola. Según una comisión palestina, solo en octubre se registraron 2,350 asaltos de colonos. La organización de derechos humanos israelí B'Tselem denunció la impunidad ante la muerte de más de mil palestinos en Cisjordania desde octubre de 2023 y criticó la “política cada vez más permisiva e imprudente de abrir fuego” por parte del ejército. Además, se informó que Israel confiscó 104 hectáreas de tierra para construir una carretera para colonos, reforzando el control sobre la zona.