La orden vincula directamente esta medida al conflicto palestino-israelí, al sostener que tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, la facción libanesa de la organización lanzó “múltiples ataques con cohetes” contra objetivos israelíes. Además, acusa al grupo de instar a “ataques violentos contra socios e intereses estadounidenses” en Egipto y de haber brindado “apoyo material” a Hamás desde Jordania. Según la administración estadounidense, estas actividades “amenazan la seguridad de los civiles estadounidenses en el Levante y otras partes de Oriente Medio, así como la seguridad y la estabilidad de nuestros socios regionales”.

Esta designación otorga al gobierno de EE.

UU. nuevas herramientas legales para imponer sanciones y aumentar la presión sobre el grupo y sus afiliados.