El incidente ha elevado las tensiones transfronterizas, con narrativas contradictorias sobre la identidad de las víctimas. El ataque ocurrió en la aldea de Beit Yin, en la provincia de Campiña de Damasco. Según las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), la operación tenía como objetivo capturar a miembros de la organización “Yama Islamiya” (o Jama'a Islamiya), vinculada a los Hermanos Musulmanes y aliada de Hezbolá y Hamás, quienes presuntamente preparaban ataques contra ciudadanos israelíes. El ejército israelí aseguró que sus tropas fueron recibidas con disparos al cruzar la frontera y respondieron “de acuerdo con protocolo”, utilizando fuego de artillería y apoyo aéreo para cubrir su retirada, durante la cual seis de sus soldados resultaron heridos. Por el contrario, el Ministerio de Exteriores sirio y residentes locales negaron la presencia de milicianos y afirmaron que las tropas israelíes abrieron fuego de manera “brutal y deliberada” contra la población civil después de que su incursión terrestre fracasara ante la resistencia local. Las autoridades sirias exigieron una investigación y pidieron al Consejo de Seguridad de la ONU y a la Liga Árabe que adopten medidas inmediatas contra Israel por violar su soberanía. La comunidad internacional ha comenzado a monitorear la situación, preocupada por el impacto en la población civil.