La crisis humanitaria se agrava con la llegada del invierno.

Las fuertes lluvias han inundado los campamentos de desplazados, destruyendo tiendas de campaña y las pocas pertenencias de las familias.

Residentes en Deir al-Balah describen cómo el agua lodosa llega hasta los tobillos, empapando colchones y ropa, mientras culpan tanto a Israel como a Hamás por la miseria persistente.

Las organizaciones de ayuda humanitaria advierten que la escasez de suministros, combinada con el desbordamiento de fosas de aguas negras por las lluvias, empeorará la situación sanitaria.