La reapertura se había postergado anteriormente a pesar de estar contemplada en la tregua. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, había condicionado esta apertura al cumplimiento por parte de Hamás de los términos del acuerdo, incluyendo la devolución de los secuestrados. La situación en Rafah sigue siendo tensa, con la presencia de milicianos de Hamás y enfrentamientos esporádicos con tropas israelíes, que aún controlan más del 50% del territorio gazatí. La reapertura, por tanto, no solo es una medida humanitaria, sino también un delicado paso diplomático y de seguridad en un contexto de frágil paz.