Este incidente es uno de los más mortíferos desde la caída del régimen de Bashar al-Assad y ha generado narrativas completamente opuestas. Según la agencia oficial siria SANA, las fuerzas israelíes ingresaron a la aldea, donde la población local se enfrentó a los soldados, desatando choques armados que resultaron en más de 10 víctimas civiles. Un representante local, Walid Akasha, negó la presencia de grupos terroristas en la zona, afirmando que es una comunidad pacífica dedicada a la agricultura. Por su parte, Israel afirmó que la misión tenía como objetivo detener a miembros del grupo sunita libanés Jama'a Islamiya, a quienes acusa de planear ataques.

El vocero militar Avichay Adraee declaró que las tropas fueron atacadas por "terroristas armados" y respondieron con fuego, logrando "neutralizar a varios" y detener a tres sospechosos.

Este choque de versiones ha paralizado las negociaciones de seguridad fronteriza entre Siria e Israel, mediadas por Estados Unidos. El suceso evidencia la profunda desconfianza de Israel hacia el nuevo gobierno sirio de Ahmed al-Sharaa y su determinación de mantener una zona desmilitarizada en su frontera, a pesar de las garantías ofrecidas por Damasco.