Su mensaje busca añadir presión moral para reactivar los estancados procesos diplomáticos.

Las declaraciones del pontífice se presentan como una continuación de su expresada preocupación por el sufrimiento humano en la región, tanto en Gaza como entre las familias israelíes afectadas por el conflicto. Con un tono firme, León XIV ha enfatizado que el derecho internacional y la dignidad humana deben prevalecer sobre cualquier estrategia militar, describiendo la crisis humanitaria en Gaza como una "tragedia moral" que exige acciones inmediatas. Para el Papa, una paz auténtica solo puede construirse sobre la base de la justicia y el reconocimiento mutuo de los derechos de ambos pueblos. Advirtió que cualquier propuesta que ignore los derechos fundamentales de una de las partes está destinada al fracaso y solo perpetuará la inestabilidad. Su intervención ha sido interpretada a nivel global como un intento de utilizar su autoridad moral para impulsar nuevas rondas de negociación, recordando a los líderes mundiales que la neutralidad no implica silencio ante el sufrimiento. El Papa insistió en que la paz no es un ideal abstracto, sino una tarea que requiere voluntad política y la capacidad de renuncia por parte de los líderes involucrados.