Por su parte, el gobierno sirio condena sistemáticamente estas operaciones, calificándolas como violaciones a su soberanía y una amenaza para la estabilidad regional.

La incursión en Quneitra se suma a un patrón de escalada en la actividad militar israelí en la Siria post-Assad, reflejando la complejidad y volatilidad de la situación de seguridad en la región.