La fragilidad de la tregua es evidente en las cifras reportadas.

Según el gobierno de Gaza, se han registrado casi 600 violaciones por parte de Israel desde el inicio del cese de hostilidades.

Estos incidentes habrían causado la muerte de al menos 357 palestinos y dejado 903 heridos.

Otro informe eleva la cifra de fallecidos a 367 en el mismo periodo. Esta situación subraya la extrema dificultad para consolidar la paz y detener el derramamiento de sangre en la región. Las acusaciones mutuas y los ataques esporádicos mantienen a la población en un estado de constante incertidumbre y miedo, mientras los mediadores internacionales luchan por evitar un colapso total del acuerdo. La persistencia de las hostilidades demuestra que el alto al fuego es más una pausa en los combates que un paso firme hacia una resolución duradera del conflicto. La vida cotidiana de los gazatíes sigue marcada por la precariedad y el temor a una nueva escalada militar, lo que complica aún más la ya grave crisis humanitaria que enfrenta el territorio palestino. La falta de un mecanismo de supervisión efectivo del alto al fuego contribuye a la repetición de incidentes violentos, erosionando la confianza entre las partes y alejando la posibilidad de una paz estable.