Estas cifras sugieren que, si bien los combates a gran escala pueden haberse detenido, los ataques selectivos, las incursiones o los enfrentamientos esporádicos continúan cobrando vidas.

La situación refleja la fragilidad del acuerdo y la complejidad de su implementación en un territorio donde las tropas israelíes aún mantienen presencia. La continuación de las muertes socava la confianza en el proceso de paz y alimenta el ciclo de violencia, dificultando los esfuerzos de los mediadores internacionales para consolidar la tregua y avanzar hacia una solución más estable. Para la población de Gaza, que ya enfrenta una grave crisis humanitaria, la persistencia de la violencia, incluso bajo un alto al fuego oficial, significa que la seguridad sigue siendo inalcanzable y que la amenaza de una nueva escalada es constante.