Según el primer ministro qatarí, el jeque Mohamed bin Abdulrahmán al-Zani, lo acordado el 10 de octubre no puede considerarse un verdadero alto al fuego mientras las fuerzas israelíes permanezcan en el territorio y no haya estabilidad en Palestina. Esta declaración pone de relieve una de las principales divergencias en las negociaciones: mientras Israel condiciona su retirada al desarme de Hamás, los mediadores y la parte palestina consideran la presencia militar israelí como una continuación de la ocupación y una fuente de inestabilidad. La propuesta de desplegar una fuerza internacional busca crear un mecanismo neutral que pueda verificar el cumplimiento de los acuerdos y generar confianza entre las partes. Sin embargo, esta idea enfrenta la resistencia de Hamás si su misión es desarmarlos, y potencialmente de Israel, que históricamente ha sido reacio a la presencia de fuerzas internacionales con mandatos de seguridad robustos en la zona. El llamado de Catar y Egipto aumenta la presión diplomática sobre Israel para que cumpla con los términos del acuerdo, especialmente en lo que respecta a la retirada, un paso considerado esencial para avanzar hacia la segunda fase del plan de paz.