Parejas como Eman Hassan Lawwa y Hikmat Lawwa, quienes huyeron de sus hogares durante el conflicto y perdieron a familiares, caminaron entre los escombros con atuendos tradicionales, en un marcado contraste con el entorno.

Para Hikmat, cuya aspiración inmediata es conseguir una tienda de campaña para comenzar su nueva vida, el acto fue una afirmación de fe en que algo mejor es posible.

Eman, quien perdió a sus padres en la guerra, describió el día como “un pequeño respiro” y un acto de “resistencia íntima”.

La celebración fue posible gracias al apoyo de una operación humanitaria financiada por Emiratos Árabes Unidos, que proporcionó a cada pareja una suma de dinero y suministros básicos.

En la cultura palestina, estas bodas colectivas son rituales que refuerzan los lazos comunitarios y afirman la continuidad cultural. La reanudación de estas ceremonias, aunque de forma austera, envía un mensaje contundente: a pesar de los bombardeos y el desplazamiento masivo que ha afectado a dos millones de personas, la vida insiste en avanzar, no como una negación del sufrimiento, sino como una respuesta directa a él.