Entre las víctimas se encontraban un rabino asistente del centro judío Jabad de Bondi, Eli Schlanger; un superviviente del Holocausto y ciudadanos extranjeros, lo que magnificó el impacto internacional del suceso. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, condenó el ataque como "un acto de maldad, antisemitismo y terrorismo que ha golpeado el corazón de nuestra nación", y afirmó que fue "un ataque dirigido contra los judíos australianos". La policía, que abatió a uno de los agresores y dejó al otro en estado crítico, encontró artefactos explosivos improvisados en un vehículo vinculado a los atacantes. Medios locales informaron que uno de los terroristas había sido investigado previamente por sus presuntos vínculos con el grupo Estado Islámico.
La comunidad internacional condenó unánimemente el atentado, y líderes de diversas naciones expresaron su solidaridad con Australia y la comunidad judía. El ataque es considerado el peor tiroteo masivo en Australia en casi tres décadas y se produce en un contexto de aumento de incidentes antisemitas en el país desde el inicio de la guerra en Gaza en octubre de 2023.













