Netanyahu declaró que Israel decidirá de forma independiente sus futuras acciones, afirmando: "Nosotros decidimos las acciones, decidimos las respuestas. Nosotros decidimos qué se debe hacer para garantizar la seguridad de Israel". Esta declaración se produce en un momento en que la tregua, mediada por Estados Unidos, se encuentra estancada. La segunda fase del acuerdo prevé el desarme de Hamás, la instauración de un gobierno tecnócrata y el hipotético repliegue israelí, pero Hamás sostiene que no se puede avanzar mientras Israel continúe con sus "violaciones". Husam Badran, miembro del comité político de Hamás, afirmó que la segunda fase "no puede empezar" mientras Israel "incumpla sus compromisos", como la reapertura del paso de Rafah y el aumento de la ayuda humanitaria. A pesar del alto el fuego, la violencia persiste. El Ministerio de Sanidad de Gaza ha registrado la muerte de al menos 390 palestinos desde el 10 de octubre. La Oficina de la ONU para los Derechos Humanos corroboró más de 350 ataques con un saldo de al menos 121 palestinos muertos, todos en las inmediaciones de la "línea amarilla", la demarcación de repliegue israelí. Israel califica estas bajas como "supuestos terroristas", pero la población gazatí y Hamás denuncian ataques indiscriminados y demoliciones diarias de viviendas.