Organismos internacionales denuncian que el flujo de ayuda humanitaria es insuficiente y no cumple con lo pactado en el alto el fuego.
Las lluvias torrenciales y las bajas temperaturas han convertido los campamentos de tiendas de campaña, donde se refugia la mayoría de los casi dos millones de desplazados, en zonas inhabitables.
Al menos 14 personas, incluida una bebé, han muerto por exposición al frío.
Familias enteras han perdido sus escasas pertenencias, colchones y alimentos, mientras el agua y los desechos inundan sus refugios improvisados.
La agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) advirtió que los "ambientes fríos, superpoblados e insalubres aumentan el riesgo de enfermedades e infecciones". La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que alrededor de 6,000 personas han perdido una extremidad debido a la guerra, enfrentando además una escasez de prótesis y productos de asistencia. A pesar de que el acuerdo de alto el fuego estipula la entrada de 600 camiones de ayuda diarios, un análisis de las propias cifras del ejército israelí sugiere que el promedio ha sido de solo 459. Grupos de ayuda acusan a Israel de bloquear la entrada de materiales esenciales como bombas de agua para drenar los refugios inundados.
La situación es descrita por los residentes y las organizaciones como un "sufrimiento que podría prevenirse con ayuda humanitaria sin restricciones".













