Esta afirmación genera preocupación en la ONU, que se opone a cualquier cambio en los límites territoriales.

Durante una visita a Beit Hanoun y Jabaliya, el general Zamir afirmó que "la ‘línea amarilla’ es una nueva frontera, un frente avanzado tanto ofensivo como defensivo para nuestras comunidades". Esta línea marca el perímetro al que las tropas israelíes se replegaron dentro de Gaza como parte de la primera fase del acuerdo de alto el fuego. La declaración del jefe militar sugiere la intención de Israel de mantener un control operativo a largo plazo sobre más del 50% del territorio de la Franja, contraviniendo las expectativas de un repliegue total en fases posteriores del acuerdo. Zamir añadió que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) asumieron "el control operativo sobre extensas partes de la franja de Gaza" y que "se mantendrán" en esas zonas. Esta postura choca directamente con la posición de las Naciones Unidas.

El alto comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, recordó que la resolución del Consejo de Seguridad fue "muy clara" al establecer que dicha demarcación "no se debe denominar frontera ni nada parecido" y que el territorio "debe ser respetado en su totalidad". La imposición de esta "nueva frontera" de facto podría consolidar una zona de amortiguamiento permanente dentro de Gaza, lo que complicaría cualquier solución política futura y el retorno de los desplazados.