En un comunicado, Netanyahu afirmó: “Nosotros decidimos las acciones, decidimos las respuestas.
Nosotros decidimos qué se debe hacer para garantizar la seguridad de Israel y la seguridad de los soldados israelíes”. Con estas palabras, el mandatario subraya la intención de su gobierno de actuar unilateralmente y advierte que no tolerará una “violación sistemática” del acuerdo. La segunda fase del pacto contempla puntos complejos como el desarme de Hamás, la creación de un gobierno de transición en Gaza y un posible repliegue de las tropas israelíes, que actualmente controlan más del 50% del enclave. Sin embargo, la retórica de Netanyahu y las acciones en el terreno siembran dudas sobre la viabilidad de estos pasos. Durante los dos meses de tregua, Israel ha continuado con demoliciones de edificios, especialmente en la zona de la “línea amarilla”, a la que los civiles gazatíes tienen prohibido el acceso. El ejército israelí justifica las muertes en esta área como acciones contra “supuestos terroristas”, mientras que la población local y Hamás denuncian violaciones diarias del acuerdo.
Organismos de derechos humanos ven poco probable una retirada total de las tropas israelíes, un punto que el gobierno de Netanyahu siempre ha rechazado argumentando necesidades de seguridad.













