Paralelamente al conflicto en Gaza, las fuerzas israelíes han intensificado sus operaciones en la Cisjordania ocupada, llevando a cabo redadas diarias, arrestos y ataques que han resultado en la muerte de palestinos, al tiempo que avanzan con la demolición de viviendas e infraestructuras clave para la población palestina. Las incursiones militares se han extendido por diversas localidades, incluyendo Husan, en la gobernación de Belén, y el campamento de Al-Ain, al oeste de Nablus. También se han reportado asaltos en Madma, Jericó, y las localidades de Dura y Halhul en la gobernación de Hebrón, con un saldo de numerosos palestinos arrestados. La violencia ha sido letal, como lo demuestra el asesinato de al menos dos palestinos por presuntamente cruzar la “línea amarilla”, una demarcación de seguridad impuesta por Israel. Una de las acciones más significativas es la continuación de la destrucción del campo de refugiados de Nur Shams, en el norte de Cisjordania. Israel ha emitido nuevas órdenes de demolición para 25 edificaciones, lo que afectará a cientos de palestinos desplazados. Según imágenes satelitales, casi la mitad de los edificios del campamento (48%) ya habían sido dañados o destruidos antes de esta última orden.
Roland Friedrich, un alto funcionario de la UNRWA, calificó estas demoliciones como “noticias devastadoras” y afirmó que se ajustan a un patrón para permitir el control israelí a largo plazo sobre los campamentos, alterando permanentemente su topografía.
Friedrich fue contundente al señalar que, aunque se justifican por “necesidad militar”, estas acciones “no hacen a nadie más seguro”.
En resumenLa intensificación de las redadas, arrestos y demoliciones en Cisjordania demuestra que la estrategia militar de Israel no se limita a Gaza. Estas operaciones consolidan la ocupación, desplazan a la población palestina y socavan la estabilidad en la región, extendiendo el conflicto a múltiples frentes.