Su visita pastoral buscaba llevar un mensaje de solidaridad a la pequeña y asediada comunidad cristiana del enclave, compuesta por aproximadamente un millar de personas, de las cuales solo unas 180 son católicas.

Estos fieles se han refugiado en recintos religiosos desde hace casi un año, habiendo perdido sus hogares y posesiones.

El cardenal destacó que la situación de los cristianos “no es muy diferente de las otras. Lo han perdido todo y están viviendo aquí de una manera muy precaria”.

Ante esta realidad, Pizzaballa delineó las prioridades de la Iglesia: habilitar los colegios, ya que “no hay futuro sin educación”; apoyar el devastado sistema sanitario; y facilitar viviendas para los desplazados. La visita también puso de relieve el aislamiento de los gazatíes, quienes, debido al cerco militar israelí, no tienen permiso para viajar a Belén, el epicentro de las celebraciones navideñas en Tierra Santa, ni para abandonar el enclave, ni siquiera para evacuaciones médicas.