Esta postura representa un desafío directo a la segunda fase del plan de paz impulsado por el presidente Donald Trump, que contempla la retirada total de las tropas israelíes, el desarme de las milicias palestinas y la creación de un gobierno de transición. El ministro Katz justificó la decisión como una medida de seguridad para "prevenir" que se repita un ataque como el de Hamás en octubre de 2023. Aunque una comunicación posterior de su ministerio intentó matizar las declaraciones, afirmando que se refería únicamente a un "contexto de seguridad" y que el gobierno "no tiene intención de establecer un asentamiento", las afirmaciones originales de Katz han generado alarma. Estas declaraciones se suman a la amenaza de no retirar las tropas mientras Hamás no entregue el cuerpo del último rehén israelí, lo que bloquea el avance del acuerdo y proyecta una visión de ocupación a largo plazo que choca con los esfuerzos diplomáticos internacionales.