Irán acusa regularmente a Israel de llevar a cabo operaciones de sabotaje e inteligencia en su territorio, dirigidas principalmente contra su programa nuclear y su infraestructura militar. Por su parte, Israel considera el programa de misiles balísticos de Irán y sus ambiciones nucleares como una amenaza existencial, y ha manifestado su intención de frenarlos, contando con el apoyo de la administración Trump. La ejecución se produce en un contexto de alta tensión regional, donde cualquier incidente puede ser interpretado como una provocación. La guerra de junio de 2025, aunque breve, dejó claro el potencial destructivo de un enfrentamiento directo.

Desde entonces, ambos países han continuado sus operaciones encubiertas, incluyendo ciberataques, asesinatos selectivos y acciones de espionaje. La ejecución de presuntos espías es una de las herramientas que Irán utiliza para proyectar fuerza y disuadir futuras operaciones de inteligencia en su contra, aunque estas acciones son condenadas por grupos de derechos humanos como violaciones al debido proceso.