Las autoridades de Gaza, controladas por Hamás, han reportado que más de 405 palestinos han muerto desde el inicio del cese de hostilidades, con un total de 1,115 heridos. Estas cifras incluyen víctimas de ataques israelíes y personas recuperadas de entre los escombros de edificios derrumbados, algunos colapsados por el temporal de invierno tras ser dañados en bombardeos previos.

Israel, que aún controla el 54% de la Franja, mantiene sus tropas en la denominada 'línea amarilla', desde donde, según los informes, se siguen produciendo disparos casi a diario contra palestinos que se aproximan a la zona.

Por su parte, el gobierno israelí acusó a Hamás de una “flagrante violación” del acuerdo después de que un artefacto explosivo improvisado detonara contra un vehículo blindado en Rafah, hiriendo a un oficial. En un comunicado, la oficina del primer ministro Benjamín Netanyahu advirtió que “Israel responderá en consecuencia” y reiteró sus exigencias de que Hamás debe “salir del gobierno en Gaza” y proceder a la “desmilitarización del enclave”. Mientras tanto, la ONG israelí B'Tselem denunció que Israel ha destruido más del 90% de las estructuras residenciales en Gaza, a menudo sin necesidad militar, con el objetivo de impedir el retorno de los desplazados y ejercer un control a largo plazo, lo que califican como “limpieza étnica”.