Las celebraciones de 2023 y 2024 fueron canceladas o reducidas al mínimo en solidaridad con Gaza.

Este año, gracias a una frágil tregua, la ciudad donde los cristianos creen que nació Jesús vio el regreso del imponente árbol de Navidad y el tradicional desfile de cientos de boy scouts palestinos con gaitas y tambores. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, lideró la procesión, pidiendo vivir “una Navidad llena de luz” después de “dos años de oscuridad”.

A pesar del ambiente festivo, la realidad subyacente es dura. El 80% de los habitantes de Belén dependen del turismo, sector que colapsó durante la guerra, elevando el desempleo del 14% al 65%. La mayoría de los asistentes eran locales, con muy pocos turistas extranjeros.

Además, llegar a Belén sigue siendo un desafío para muchos palestinos debido a los puestos de control israelíes.

“Nuestra celebración aquí no es una alegría.

Es un mensaje de esperanza... diciéndole al mundo que amamos la vida y queremos paz”, reflexionó un joven estudiante palestino, Martinos Juha. La celebración de este año, por tanto, es un acto de resiliencia y un llamado de atención, un símbolo de la vida que persiste “pese al genocidio”, como lo expresó otro asistente.