La controversia no se limita a los cinco países que se han retirado.

Las opiniones públicas en otras naciones como Reino Unido, Portugal y Bélgica también han mostrado un fuerte apoyo a la expulsión de Israel.

Esto sugiere que la polémica podría intensificarse en los meses previos al concurso, que está programado para celebrarse en Viena. La situación actual pone de manifiesto la creciente politización de eventos culturales internacionales y la presión de la sociedad civil para que estos foros tomen una postura frente a conflictos y violaciones de derechos humanos. La UER enfrenta ahora el desafío de gestionar un evento fracturado por divisiones políticas, mientras que el futuro de la participación de Israel en Eurovisión permanece incierto y sujeto a la evolución de la opinión pública y las decisiones de otros países participantes.