Durante los dos años anteriores, las celebraciones públicas habían sido canceladas o reducidas al mínimo en solidaridad con Gaza.
En 2024, la plaza exhibió un nacimiento rodeado de escombros y alambre de púas. Sin embargo, este año, un imponente árbol de Navidad decorado volvió a presidir la plaza, y cientos de jóvenes boy scouts palestinos desfilaron al ritmo de gaitas y tambores. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, máximo representante de la Iglesia católica en Tierra Santa, lideró la tradicional procesión desde Jerusalén, cruzando el puesto de control militar israelí, y llamó a celebrar "una Navidad llena de luz" después de "dos años de oscuridad". A pesar del ambiente festivo, el impacto económico de la guerra sigue siendo severo. El turismo, del que depende el 80% de la economía de Belén, se ha desplomado. El alcalde Maher Nicola Canawati informó que el desempleo saltó del 14% al 65% durante la guerra, y unas 4,000 personas han abandonado la ciudad.
La celebración es vista por muchos palestinos como un acto de resistencia y un mensaje de esperanza. Martiníos Juha, un estudiante de 20 años, dijo a EFE: "Nuestra celebración aquí no es una alegría. Es un mensaje de esperanza desde Belén, para que el mundo nos recuerde.
Amamos la vida y queremos paz".













