A pesar del alto el fuego vigente desde el 10 de octubre de 2025, la Franja de Gaza finaliza el año sumida en una situación humanitaria devastadora. La población sobrevive entre ruinas, escasez de recursos y el temor constante a la reanudación de las hostilidades tras dos años de una guerra iniciada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. La devastación es generalizada: cerca del 80% de los edificios han sido destruidos o dañados, y 1.5 millones de los 2.2 millones de habitantes han perdido sus hogares. La vida cotidiana se ha reducido a una lucha por la supervivencia, con escasez de electricidad, acceso limitado al agua potable y cientos de miles de personas viviendo en tiendas improvisadas.
Las lluvias invernales y las bajas temperaturas han agravado las condiciones, provocando muertes por hipotermia y el colapso de viviendas dañadas.
“Vivimos una pesadilla interminable”, relata Hanaa Abu Amra, desplazada en la ciudad de Gaza. “Esperamos que esta pesadilla termine en 2026”.
El sentimiento es compartido por Shireen Al Kayali, quien expresa: “Perdimos a mucha gente y nuestras pertenencias.
Vivimos una vida difícil y dura, desplazados de una ciudad a otra, bajo los bombardeos y en el terror”.
La ONU y diez naciones occidentales han calificado la situación de “catastrófica”, destacando que 1.3 millones de personas necesitan refugio urgente y que el colapso de la infraestructura sanitaria expone a 740,000 personas a inundaciones tóxicas. Desde el inicio de la ofensiva, la cifra de palestinos fallecidos asciende a 71,266, con más de 171,000 heridos, lo que subraya la magnitud de la tragedia humana en el enclave.
En resumenA pesar de un frágil alto el fuego, Gaza termina 2025 en ruinas, con una crisis humanitaria "catastrófica" marcada por desplazamientos masivos, escasez de recursos y una lucha diaria por la supervivencia, mientras la esperanza de un 2026 mejor sigue siendo tenue.