Durante el conflicto, Israel lanzó un ataque "sin precedentes" contra las instalaciones del programa nuclear iraní, y Estados Unidos también intervino con bombardeos.

Esta escalada militar fue uno de los eventos más significativos del año en Medio Oriente.

El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, afirmó que su país se encuentra en una "guerra total" con Estados Unidos, Israel y Europa. Según los informes, los ataques israelíes y estadounidenses contra las tres principales plantas nucleares de Irán (Fordo, Isfahán y Natanz) y otras instalaciones militares y civiles causaron más de 1,000 muertos en Irán, incluyendo decenas de altos cargos militares y científicos nucleares. En respuesta, Irán lanzó misiles y drones diariamente contra territorio israelí, provocando la muerte de unas 30 personas.

El conflicto detuvo abruptamente las negociaciones sobre el programa nuclear iraní que se estaban llevando a cabo con mediación de Omán. La tensión se mantiene en un nivel crítico; un periodista militar advirtió que una futura guerra abierta entre ambas naciones podría definirse por un primer ataque preventivo, lo que subraya el riesgo de una conflagración regional a gran escala.