Este escenario se enmarca en una confrontación regional más amplia, centrada en el programa nuclear iraní y el apoyo de Teherán a grupos como Hezbolá y Hamás. En junio de 2025, la hostilidad escaló a un conflicto directo cuando Israel lanzó un ataque sin precedentes contra instalaciones nucleares iraníes, lo que desencadenó una guerra de 12 días y llevó a Estados Unidos a bombardear también objetivos en Irán con bombas rompebúnkeres. A pesar de estos ataques, el jefe del Mossad, David Barnea, afirmó que las investigaciones nucleares de Teherán no se abandonaron.
Recientemente, el presidente estadounidense Donald Trump, tras una reunión con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, amenazó con apoyar un nuevo ataque israelí si Irán retoma su programa de enriquecimiento.
Trump advirtió que si Teherán “continúa con los misiles”, no tendrán “otra opción más que erradicar” sus capacidades.
Esta retórica belicista ha sido analizada por expertos como el periodista militar Yehoshua Yosi, quien advirtió que una guerra abierta entre ambas potencias podría definirse por quién logre atacar primero.
Funcionarios israelíes también han utilizado la reciente operación estadounidense en Venezuela como una advertencia para Teherán, sugiriendo que Irán “debería mirar con atención lo que pasó en Caracas”.
La confrontación se extiende a otros frentes, con Israel acusando al régimen venezolano de colaborar con Irán para lavar dinero de Hezbolá.











