A pesar de las treguas parciales y los intercambios de prisioneros logrados en 2025, las negociaciones para un alto al fuego duradero y una solución política de fondo al conflicto entre Israel y Palestina permanecen estancadas. El futuro se ve condicionado por la postura inflexible del gobierno israelí y la proximidad de las elecciones programadas para 2026, lo que añade una capa de incertidumbre política. Aunque la presión de Estados Unidos condujo a un alto el fuego en octubre de 2025, el acuerdo es precario y deja sin resolver cuestiones fundamentales. El plan de paz impulsado por el presidente Donald Trump, que contempla el despliegue de una fuerza internacional, no es deseado ni por el gobierno israelí ni por Hamás. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha insistido en la necesidad de “neutralizar a grupos armados” antes de cualquier acuerdo definitivo, y ha amenazado con reanudar los combates.
Hamás, por su parte, se niega a desarmarse bajo las condiciones impuestas por Israel.
La situación política interna de Israel es otro factor clave. Netanyahu, de 76 años, planea presentarse a la reelección en los comicios que se celebrarán a más tardar en noviembre de 2026. Con una mayoría parlamentaria frágil, podría verse tentado a optar por una solución militar contra Hamás en Gaza o Hezbolá en Líbano para asegurar el apoyo de sus aliados de extrema derecha y buscar la “victoria total” que prometió a los israelíes. Este panorama sugiere que, sin un cambio significativo en las posturas de las partes, el conflicto podría prolongarse, manteniendo a la región en un estado de tensión constante.
En resumenLa paz a largo plazo entre Israel y Palestina sigue siendo esquiva, con negociaciones estancadas y un cese al fuego frágil. La política interna de Israel, con elecciones en el horizonte y una postura dura por parte de su gobierno, complica las perspectivas de una solución dialogada en el corto plazo.