En el interior, encontraron entre 350 y 400 adolescentes, muchos en aparente estado de ebriedad.
El secretario de Seguridad municipal, José Luis Kuri, describió el lugar como “una propiedad abandonada que se rentaba para fiestas clandestinas, organizadas vía WhatsApp”. El hallazgo de un arma de fuego calibre 9 milímetros, más de 100,000 pesos en efectivo, equipos de radiocomunicación, cascos balísticos, básculas y diversas sustancias ilícitas, además de decenas de botellas de alcohol, evidenció la gravedad del evento. Las investigaciones posteriores sugieren que el organizador principal podría ser un menor de edad, estudiante de preparatoria, quien presuntamente convocaba a los eventos a través de grupos de mensajería cobrando un cover de entre 300 y 350 pesos. Los 11 adultos detenidos, entre organizadores y personal, fueron puestos a disposición del Ministerio Público por posible corrupción de menores y otros delitos, y posteriormente fueron vinculados a proceso con medida cautelar de resguardo domiciliario. El alcalde Mauricio Farah hizo un enérgico llamado a los padres de familia para supervisar las actividades de sus hijos y denunciar este tipo de reuniones.












