Este fenómeno se vincula directamente con el rol de Monterrey como centro de manufactura y reciclaje para el mercado estadounidense, procesando millones de toneladas de chatarra y residuos peligrosos. La contaminación por partículas suspendidas, de la cual se estima que un 60% proviene de fuentes industriales, podría estar detrás de graves padecimientos como enfermedades respiratorias, neurológicas, cáncer y defectos de nacimiento. La problemática se ve agravada por la obsolescencia de las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) que regulan las emisiones industriales. Normas como la NOM-043, que establece límites de partículas sólidas, no ha sido actualizada desde 1993, a pesar de que la ley exige una revisión cada cinco años. Otras, como la NOM-148 para la refinación de petróleo, tienen 19 años sin cambios. En respuesta, el Congreso de Nuevo León aprobó una reforma para exigir a la Semarnat la publicación semestral de una lista de las empresas más contaminantes, buscando fomentar la transparencia y la responsabilidad corporativa.