A pesar de ser el platillo más emblemático de su gastronomía, Nuevo León enfrenta una crisis en la producción de cabrito, con un déficit que alcanza el 90%, lo que obliga a importar la mayor parte del producto consumido en el estado. El productor Jorge Grimaldo Liñan reveló que solo el 10% del cabrito consumido en la entidad se produce localmente, mientras que el resto proviene de estados como Coahuila, Zacatecas y Chihuahua. Esta situación se atribuye a que los productores de edad avanzada están abandonando la actividad y las nuevas generaciones no continúan con la tradición. Las cifras más recientes, de 2015, indicaban un consumo de un millón de cabritos al año en la zona metropolitana, mientras que la producción local era de 450 mil; actualmente se estima que la producción ha caído a unas 225 mil cabras anuales.
Esta escasez ha provocado un encarecimiento significativo del producto.
Kathia Guajardo, presidenta de la Canirac, señaló que los precios oscilan entre 1,800 y 3,000 pesos. La restaurantera Ana Caballero añadió que el alza ha sido de entre un 30% y 40%, y que en ocasiones su negocio ha tenido que cerrar temprano por falta de producto. Esta problemática representa una amenaza para la identidad cultural y la economía local, especialmente con la proximidad del Mundial de Fútbol 2026, que atraerá a miles de turistas.
En resumenLa drástica caída en la producción de cabrito no solo impacta los precios y la disponibilidad en restaurantes, sino que también pone en riesgo una tradición culinaria que es pilar de la identidad neoleonesa.