Esta medida se toma en cumplimiento del tratado de aguas internacionales de 1944, generando incertidumbre y preocupación en un estado que recientemente enfrentó una severa crisis hídrica. En solo cinco días desde la apertura de las compuertas, la presa ha perdido 113 millones de metros cúbicos, lo que equivale aproximadamente al 10% de su almacenamiento total. El nivel de captación descendió de 913 a 800 millones de metros cúbicos.
Esta operación se lleva a cabo para saldar una deuda de agua que México tiene con Estados Unidos, una obligación que debe cumplirse periódicamente. Sin embargo, la decisión ha sido recibida con inquietud por la población y expertos locales, dado que Nuevo León apenas comienza a recuperarse de la sequía de 2022 que llevó a cortes masivos en el suministro. A pesar de la magnitud del trasvase, ni el gobernador Samuel García ni el gerente de la Cuenca Río Bravo de Conagua, Luis Carlos Alatorre, se han pronunciado oficialmente sobre la cantidad final de agua que se enviará. Los rumores sugieren que la cifra podría oscilar entre 100 y 150 millones de metros cúbicos. El jefe de meteorología de Canal 6, Abimael Salas, contextualizó la cifra, señalando que 100 millones de metros cúbicos representan entre 71 y 107 días de consumo para la metrópoli, lo que subraya la importancia de este recurso para la región.












