Una grave crisis de salud pública se desató en Tijuana tras la intoxicación de cientos de estudiantes de primaria que consumieron alimentos en mal estado, distribuidos por un programa gubernamental. Este incidente ha puesto en tela de juicio los protocolos de seguridad alimentaria y la supervisión de los proveedores contratados por el estado. El 3 de octubre de 2025, alumnos de al menos 21 escuelas primarias de Tijuana presentaron síntomas de intoxicación, como vómitos y malestar general, después de consumir el desayuno proporcionado por el programa estatal “Pancita llena, corazón contento”. Las cifras de afectados varían según los reportes, mencionándose desde 78 hasta un total de 669 estudiantes que tuvieron contacto con el alimento contaminado, de los cuales aproximadamente 40 requirieron traslado hospitalario. Afortunadamente, las autoridades de salud, encabezadas por el secretario Adrián Medina Amarillas, confirmaron que no se reportaron casos de gravedad y la mayoría de los menores fueron dados de alta para seguimiento en casa. El origen del problema fue identificado en un platillo de tinga de pollo, suministrado por la empresa AB Alimentos Nutracéuticos Funcionales S.A. de C.V. El contrato con dicha empresa, según la licitación pública regional 32065001-001-2025, establece un costo de 26 pesos por platillo para 345 mil estudiantes, representando un gasto diario superior a los 2.2 millones de pesos.
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, reaccionó públicamente ordenando una investigación exhaustiva para deslindar responsabilidades. En sus redes sociales, afirmó: “He ordenado una investigación para conocer la causa y que los responsables asuman las consecuencias.
La salud y el bienestar de nuestra niñez es prioridad”. La Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COEPRIS BC) inició la toma de muestras de los alimentos y del agua para su análisis en laboratorio, mientras que equipos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Municipal (SSPCM) retiraron los alimentos sospechosos de los planteles para prevenir más casos. Este suceso ha generado una fuerte alarma entre los padres de familia y la comunidad en general, abriendo un debate sobre la necesidad de reforzar la supervisión y los controles de calidad en los programas de alimentación escolar para evitar que se repitan incidentes que pongan en riesgo la salud de los niños.
En resumenLa intoxicación de cientos de alumnos en Tijuana por desayunos escolares contaminados reveló fallas críticas en la supervisión del programa estatal. Aunque no hubo casos graves, el incidente obligó a las autoridades a iniciar una investigación contra la empresa proveedora y a revisar los protocolos de seguridad alimentaria para proteger la salud de la comunidad estudiantil.