Este evento sirve como una seria advertencia sobre los riesgos potenciales asociados a la infraestructura urbana, especialmente las estructuras publicitarias de gran formato que son omnipresentes en la ciudad. El incidente genera interrogantes sobre los protocolos de inspección y mantenimiento que deben seguir las empresas propietarias de estos anuncios, así como sobre la eficacia de la supervisión por parte de las autoridades municipales, como la Dirección de Protección Civil. Factores como el viento, la corrosión o una instalación deficiente pueden convertir estas estructuras en un peligro para la seguridad pública. Se espera que este hecho impulse una revisión de la normativa vigente y una mayor fiscalización para asegurar que todos los espectaculares en la ciudad cumplan con los estándares de seguridad requeridos y evitar así futuros accidentes que podrían tener consecuencias más graves.