Mientras el turismo internacional hacia Estados Unidos experimentó una disminución general, México se posicionó como una excepción.

Las medidas disuasorias incluyen el aumento en el costo de renovación de la visa de turista de 185 a 435 dólares y la posible exigencia de historiales de redes sociales.

Tony Payan, director del Centro para Estados Unidos y México del Instituto Baker, señaló que el mensaje implícito es que los extranjeros “no son bienvenidos”.

Sin embargo, los datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) mostraron un aumento del 13% en el tránsito por puertos de entrada terrestres. Según expertos como Raymond Robertson, de la Universidad de Texas, los lazos personales y familiares en la frontera son más fuertes que la política.

Muchos mexicanos cruzan para visitar a sus familiares, asistir a eventos o realizar compras, siendo un pilar económico para ciudades fronterizas estadounidenses.

Por ejemplo, el 65% de los clientes de fin de semana en outlets de Laredo y El Paso son mexicanos.

Esta dinámica demuestra que, sin importar la retórica política, la interdependencia y la afinidad cultural en la región fronteriza mantienen un flujo constante de visitantes.