Expertos señalan que los fuertes vínculos culturales, familiares y económicos, especialmente en la región fronteriza, son más fuertes que la retórica política, manteniendo un flujo constante y creciente de visitantes mexicanos. La administración estadounidense ha endurecido los procesos de solicitud de visa, incrementando costos y añadiendo requisitos como la revisión del historial en redes sociales.
Esto ha disuadido a visitantes de muchos países, incluyendo a Canadá, cuyo turismo hacia EE.
UU. se desplomó.
Sin embargo, el turismo mexicano ha mostrado una notable resiliencia.
Aunque a principios de año hubo una disminución, cifras recientes de la Oficina Nacional de Viajes y Turismo indican que hasta agosto, alrededor de 3 millones de turistas mexicanos arribaron al país, un ligero aumento respecto a 2024. Datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) confirman esta tendencia, con un aumento del 13% en el tránsito por puertos de entrada terrestres. Según Tony Payan, del Instituto Baker, el mensaje general de la política estadounidense es que “no eres bienvenido”, pero para los mexicanos, los lazos personales y la historia compartida prevalecen. Las compras, especialmente en ciudades fronterizas como Laredo y El Paso, donde el 65% de los clientes de fin de semana son mexicanos, y las visitas familiares son los principales motores de este flujo, demostrando la profunda interdependencia entre ambas naciones.











