Este acelerado endeudamiento, que no ha sido acompañado por un crecimiento económico significativo, ha encendido las alarmas entre especialistas financieros.

Según el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), la deuda pasó de 560 mil millones de dólares hace siete años a superar el billón de dólares (un millón de millones) en septiembre de este año. Esta cifra representa aproximadamente el 57% del Producto Interno Bruto (PIB), y el IMEF estima que, de mantener el ritmo actual, podría alcanzar el 60% para 2030. La preocupación principal, según Miguel Nájera, presidente del instituto, es que este incremento no se ha destinado a inversión en infraestructura o a acciones que impulsen el crecimiento económico, sino que ha sido absorbido en parte por las obligaciones financieras de empresas estatales como Pemex y CFE. Joydeep Mukherji, de S&P Global, advirtió que la imposibilidad de contener el déficit fiscal podría llevar a una baja en la calificación crediticia del país. Perder el grado de inversión traería consecuencias severas, como un encarecimiento del costo de la deuda y una posible devaluación del tipo de cambio, creando un “círculo vicioso” para las finanzas públicas.