Estas declaraciones generaron una respuesta inmediata del sector empresarial de los tres países.

Más de 500 agrupaciones, incluyendo el Consejo Mexicano de Negocios y la U.S. Chamber of Commerce, pidieron mantener y extender el tratado, destacando su importancia para más de 13 millones de empleos en EE. UU. y la estabilidad de las cadenas de suministro.

Por su parte, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, buscó calmar las preocupaciones, afirmando que “no hay ninguna señal que indique que el T-MEC no seguirá”. Ebrard reveló que en las consultas internas en México, el 90% de los participantes apoya la continuidad del acuerdo.

La presidenta Claudia Sheinbaum, tras una reunión con Trump y el primer ministro canadiense Mark Carney, también expresó optimismo, asegurando que acordaron “seguir trabajando juntos para temas comerciales”.

Sin embargo, la U.S.

Chamber of Commerce ha expresado quejas sobre el clima de inversión en México, citando “prácticas coercitivas y abusivas” del SAT y reformas que debilitan la independencia judicial y regulatoria.

Este complejo panorama, que mezcla retórica política, presiones empresariales y disputas sectoriales, definirá las negociaciones de uno de los acuerdos comerciales más importantes del mundo.