Este incremento, superior al 4.5% esperado por los analistas, genera preocupación sobre la salud de la economía estadounidense y sus posibles repercusiones para México.
Según el Departamento de Trabajo de EE.
UU., en noviembre se crearon 64,000 nuevos empleos, una cifra que, aunque modesta, fue mejor de lo anticipado. Sin embargo, este dato contrasta con la pérdida de 105,000 plazas en octubre, atribuida a recortes en el gasto público, y se da en un contexto de desaceleración económica. El presidente Donald Trump, en un discurso a la nación, intentó proyectar optimismo, prometiendo un “boom económico” para 2026 y afirmando que los salarios “están subiendo más rápido que la inflación”.
No obstante, las encuestas muestran una baja aprobación a su gestión, con un 36% según Gallup, principalmente debido al alto costo de la vida. La debilidad del mercado laboral estadounidense es un factor clave para la economía mexicana, ya que más del 80% de las exportaciones nacionales tienen como destino a su vecino del norte. Una desaceleración en Estados Unidos podría reducir la demanda de productos mexicanos, afectando a la industria y al empleo. Además, la situación laboral en EE. UU. influye en las decisiones de la Reserva Federal sobre las tasas de interés, lo que a su vez impacta en el tipo de cambio y los flujos de capital hacia México. El incremento del desempleo podría presionar a la Fed a realizar nuevos recortes de tasas para estimular la economía, una medida que ya ha tomado tres veces este año.












