Este fortalecimiento se atribuye a una combinación de factores externos e internos.
Analistas como Gabriela Siller de Banco Base y Janneth Quiroz de Monex coinciden en que la debilidad general del dólar a nivel global fue un motor clave. El billete verde sufrió su mayor caída anual desde 2017, presionado por los recortes de tasas de interés de la Reserva Federal y la incertidumbre generada por la política comercial del presidente Donald Trump. Adicionalmente, el amplio diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos favoreció las operaciones de 'carry trade', atrayendo capitales hacia el peso. En el plano local, la resiliencia de las exportaciones no petroleras y una inflación relativamente contenida contribuyeron a la estabilidad. A pesar de la volatilidad generada por las tensiones comerciales, el peso se consolidó como una de las monedas emergentes más líquidas y con mejor desempeño.
Este comportamiento, sin embargo, también tiene perdedores, como los receptores de remesas, quienes ven disminuido su poder adquisitivo al convertir los dólares a pesos.












