Un sobreviviente relató a medios locales que los sicarios gritaban “mátenlos a todos” mientras perpetraban el ataque.
Cuatro de las víctimas fallecieron en el lugar, mientras que dos más perdieron la vida en hospitales de la región debido a la gravedad de sus heridas. La agresión tuvo un componente de saña adicional, ya que los atacantes rociaron gasolina en la entrada del bar y dejaron garrafones de combustible con la intención de incendiar el lugar con las víctimas dentro, aunque por razones desconocidas no iniciaron el fuego. Este modus operandi sugiere un mensaje de intimidación característico de la pugna entre cárteles. La región sur de Hidalgo se ha convertido en un foco de violencia por la disputa del control del robo de combustible (“huachicol”) y el narcomenudeo. Tras la masacre, se desplegó un fuerte operativo de seguridad con elementos de la Guardia Nacional y la Sedena, mientras la Procuraduría de Hidalgo inició las investigaciones correspondientes, analizando videos de seguridad para identificar a los responsables.













