Este suceso no es un hecho aislado.

El pasado mes de noviembre, el cuerpo del sacerdote Ernesto Baltazar Hernández Vilchis, párroco de Tultepec, también fue hallado en el mismo canal, embolsado y atado a un sillón. Estos descubrimientos consecutivos han convertido al canal en un foco de atención para colectivos de búsqueda y autoridades, evidenciando un patrón de violencia en el que los cuerpos de las víctimas son arrojados a este cauce. Los artículos señalan que este canal de desagüe recibe aguas de municipios como Valle de Chalco, Ecatepec y Nezahualcóyotl, lo que lo convierte en un punto de confluencia que podría ser aprovechado por grupos criminales para deshacerse de los cuerpos y dificultar su localización e identificación. La repetición de estos hallazgos transforma un espacio público en un símbolo de la crisis de violencia e impunidad que afecta a la región, generando temor en la comunidad y subrayando la urgente necesidad de una mayor vigilancia y estrategias de búsqueda efectivas en la zona.