Durante las audiencias, testimonios y pruebas periciales han reconstruido una narrativa de violencia extrema. Según la investigación, la víctima fue emboscada en una vivienda del fraccionamiento Hacienda de las Torres Universidad, al ser confundido con un vendedor de droga de un grupo rival. Una vez capturado, fue interrogado, golpeado, ahorcado y decapitado por orden de un recluso del Cereso 3 conocido como “El Dagas”, con quien ‘La Chely’ se comunicaba por teléfono. La brutalidad escaló cuando, presuntamente, se solicitó permiso al mismo recluso para mutilar el cuerpo con fines rituales. Peritos que testificaron en el juicio confirmaron que, durante la necropsia, el cuerpo de la víctima carecía de lengua y corazón. Además, los cateos realizados en dos domicilios vinculados al caso revelaron escenas escalofriantes: en una de las casas se encontraron dos órganos humanos dentro de bolsas, un arsenal de armas punzocortantes como machetes y hachas, y rastros de sangre detectados con pruebas forenses.
Este caso expone la peligrosa intersección entre el crimen organizado, la violencia desmedida y las prácticas rituales que deshumanizan a las víctimas.










