Su muerte, atribuida al desgaste físico y emocional, subraya la tragedia continua que enfrentan las familias y la falta de resolución del caso. El deceso de Genoveva Sánchez, ocurrido el 4 de diciembre de 2025 a los 60 años, ha sido lamentado por organismos de derechos humanos como la ONU-DH en México y el Centro Prodh, quienes destacaron que su camino estuvo marcado por “la dignidad y el amor”. Sánchez fue una figura constante en las movilizaciones y el plantón que los padres de los normalistas mantienen en la Ciudad de México, exigiendo justicia y la localización de su hijo, quien tenía 19 años cuando desapareció el 26 de septiembre de 2014. Su muerte se suma a la de otros seis padres y madres de los 43 estudiantes que han fallecido desde el inicio de la tragedia, sin obtener verdad ni justicia. El Colectivo de Madres y Padres de Ayotzinapa, así como otras organizaciones como la Antimonumenta “Vivas nos queremos”, atribuyeron directamente su fallecimiento al desgaste provocado por la búsqueda y la falta de respuestas del Estado. “Su muerte es también responsabilidad del Estado, la tristeza, y la enfermedad van minando la salud de las madres y padres de los estudiantes”, sentenció la Antimonumenta. Cristina Bautista Peña, madre de otro de los normalistas, recordó que Genoveva cargó con “el dolor y la esperanza” de encontrar a su hijo. Este trágico evento pone de relieve el profundo impacto humano de la desaparición forzada, un costo que, como documentó el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), se manifiesta en graves afectaciones a la salud física y emocional de los familiares, incluyendo diabetes, hipertensión y ansiedad crónica. La partida de Genoveva Sánchez sin conocer el destino de Israel simboliza el fracaso del sistema de justicia mexicano y la herida abierta que representa el caso Ayotzinapa para la sociedad.