Esta desaparición ocurre en un contexto de alta tensión en Michoacán, agravado por eventos recientes como el atentado con coche bomba en Coahuayana y el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en noviembre. El caso de Solorio Martínez se suma a la lista de incidentes que afectan a figuras políticas en un estado marcado por la presencia y disputa de grupos del crimen organizado, a pesar de la implementación del “Plan Michoacán”, una estrategia de seguridad federal.