El Paquete Económico para 2026, presentado por el gobierno de Claudia Sheinbaum, ha trazado las prioridades fiscales y de gasto de la nueva administración, generando una inmediata confrontación con los partidos de oposición. La propuesta revela un fuerte enfoque en programas sociales y el rescate de Pemex, financiado a través de un aumento en la deuda pública y nuevos impuestos, lo que dibuja un claro campo de batalla político en el Congreso. El proyecto contempla un gasto total de 10.1 billones de pesos frente a ingresos de 8.7 billones, lo que implica un incremento de la deuda de 1.4 billones de pesos. Partidos como el PRI y el PAN han calificado el paquete de “irresponsable” y un “duro golpe” para las familias mexicanas. Rubén Moreira, coordinador de los diputados del PRI, denunció que el presupuesto “vende a la patria con tanto endeudamiento” y recorta recursos a sectores como cultura, educación, salud y seguridad.
En contraste, los programas sociales recibirán un billón 128 mil millones de pesos, equivalentes al 3% del PIB.
El paquete también propone un aumento significativo del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a refrescos y cigarros, y por primera vez a videojuegos violentos.
Mientras organizaciones civiles aplauden la medida por sus beneficios a la salud pública, diputadas panistas como Angélica Granados critican que afecta la economía de los grupos más vulnerables.
Otro punto polémico es el aumento del 17% al presupuesto del Poder Judicial, a pesar del discurso de austeridad, y un recorte al INE.
Este paquete económico no solo define la política fiscal, sino que también establece las líneas de la disputa por el poder y la visión de país entre Morena y la oposición.
En resumenEl Paquete Económico 2026 prioriza el gasto social y el rescate de Pemex a costa de un mayor endeudamiento y nuevos impuestos, lo que ha provocado un fuerte rechazo de la oposición (PRI y PAN), quienes lo consideran un plan fiscal irresponsable que afectará a la economía familiar y a sectores clave del país.